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Una Banca Sui Generis
El auge del microcrédito: préstamos que si se pagan.
Por Laura Martínez Ruiz-Velasco

Aunque existen muchos programas a nivel internacional para el financiamiento de pequeños negocios, pocos como el microcrédito han demostrado su efectividad.

El microcrédito es una herramienta tan poderosa que se ha presentado como la más viable para erradicar el problema de la pobreza en los países de desarrollo. Está demostrado que más del 80 por ciento de las personas dedicadas al autoempleo no tienen acceso al financiamiento y, en el caso de muchas, sólo requieren de un pequeño capital que les permita invertir en la adquisición de capital de trabajo o activos fijos para elevar su nivel de ingresos.

El microcrédito permite a la micro empresa cubrir los costos de un financiamiento sin necesidad de recurrir a los agiotistas, a los subsidios o a los minipréstamos caros. El acceso al microcrédito no sólo es sencillo, sino productivo e incide directamente en la economía de las comunidades, tanto en zonas marginadas de las grandes ciudades como en las zonas rurales.

El primer, y más exitoso esquema de microcrédito ha sido el operado en el Grameen Bank de Bangladesh.

Su fundador, Muhammad Yunus, se a convertido en el padre del microcrédito a nivel mundial y, en este esquema, se han basado la mayoría de los programas de microcrédito en todo el mundo.

Prestar a los que Menos Tienen
Muhammad Yunus, un profesos de la universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee, regresó a su natal Bangladesh en 1972 solo para darse cuenta de que todas sus teorías económicas no servían de mucho, cuando cientos de miles de personas estaban muriendo de hambre a su alrededor. Entre las muchas cosas que descubrió Yunus fue que la gente de menores recursos estaba totalmente imposibilitada para obtener recursos financieros, situación que trató de resolver ofreciendo préstamos de US$30 a algunas personas. Cuando trató de organizar esto de una modo más institucional, recurrió a una entidad bancaria, done lo único que obtuvo fue la burla de sus directivos; las cantidades prestadas eran tan pequeñas que no cubrían ni si quiera el trabajo de documentación, además de que la mayoría de las personas no contaban con un aval o garantía para recibir préstamos.

Yunus hizo un tremendo esfuerzo por conseguir fondos, pero tras la negativa de los banqueros, optó por hacerlo por su cuenta y, en1976, fundó el Grameen Bank, que hoy en día trabaja en 35 mil aldeas de ese país; tiene más de mil sucursales, y con más de 12 mil empleados, desembolsa entre US$30 millones y US$40 millones cada mes, con una sorprendente cartera vencida de apenas dos por ciento. Los microcréditos que ofrece este banco se otorgan sin exigir garantías; sólo solicitan a la gente que, por cada solicitud de crédito, presente un proyecto respaldado por cinco personas sin lazos de parentesco, quienes empeñaran su "honor" y su palabra y aceptarán colectivamente la responsabilidad de devolver los préstamos conseguidos.

Con esta misma filosofía, han surgido por América Latina casos de bancos exitosos que encontraron en el microcrédito una inigualable oportunidad de negocio.

En Banco Sol de Bolivia, por ejemplo, cuenta con el programa de microcrédito más importante de la región de Latinoamérica. Constituido como unidad bancaria, sigue la metodología de los "grupos solidarios"; ha atendido a más de 500 mil acreditados con una cartera de más de US$50 millones y una recuperación superior al 97 por ciento.

En Perú, MIBANCO se está convirtiendo en uno de los bancos con mayor número de clientes de ese país, pus su misión es atender la demanda de crédito de los más de tres millones de microempresarios que no tienen acceso a la banca comercial. Este banco, aunque surgió de una iniciativa gubernamental, está hoy 100 por ciento integrada por capital privado y su cartera asciende a unos US$16 millones.

De estos ejemplos anteriores, se desprende un hecho real: la gente que realmente necesita de un crédito y que no puede acceder a los sistemas tradicionales, es mucho más susceptible de cubrir sus deudas; primero, por que se trata de la primera vez que alguien confía en ellos y les da crédito y, segundo, por que una vez que prueban que tienen la capacidad de ahorrar y pagar lo comprometido, tienden a crecer más y ser más productivos.

No es de sorprenderse, entonces, que cada vez hay más emprendedores que están encontrando en el microcrédito una oportunidad de negocio que, de paso, está ayudando a solventar el eterno problema de falta de recursos de los que más necesitan y los que menos tienen.

Programa Compartamos
Gente Nueva, una organización de "jóvenes para jóvenes" que surgió en 1982, ha evolucionado hasta incluir en sus programas de asistencia privada un esquema de microcréditos para apoyar a mujeres que generalmente no tienen acceso a recursos frescos para lanzar o hacer crecer una actividad productiva.

Con recursos provenientes en su mayoría del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el programa tiene hoy US$3 millones en créditos otorgados a unas 40 mil mujeres en todo México (un promedio de US$75 por persona).

Para acceder a un préstamo del Programa Compartamos, las condiciones son sencillas: debe tratarse de grupos de mujeres (entre 25 y 35 personas); las solicitantes deben ser mayores de 18 años; deben contar con una credencial de elector y, lo más importante, destinar los recursos obtenidos a una actividad productiva de rápida recuperación.

"Detectamos que, el de las mujeres requiere más apoyo económico; en muchas ocasiones los esposos han emigrado buscando trabajo y son ellas las que deben aportar recursos al hogar", explica Iván Mancillas G., director de operaciones de microfinanciamiento de Gente Nueva.

Además, agrega, desde que lanzaron el plan piloto de microcréditos, quedó demostrado que, entre las mujeres, se recuperaban los créditos otorgados en un 100 por ciento.

Para llegar a este esquema de crédito, explica Mancillas, los jóvenes de Gente Nueva estudiaron los casos del Grameen Bank en Bangladesh y el Finca en el Salvador, por ejemplo, y llegaron a la conclusión de que, por lo menos en la actualidad, el crédito es de los instrumentos más efectivos para promover el desarrollo económico.

La primer gran llegada de recursos provino del BID cuando, en 1993, destinó a Gente Nueva un crédito por US$500,000 además de una donación por US$150,000 para la operación de la organización. Los alcances del programa no se hicieron esperar: para 1995, ya contaban con 17,500 clientes a nivel nacional y demostraron a quienes no creían en el esquema que los otorgantes de microcrédito (sabiéndolo administrar) pueden ser autofinanciables. La llamada cuota de recuperación que cobran por otorgar un crédito es del cinco por ciento mensual que, aunque puede sonar exorbitante, no es nada comparado con las tasas que cobran los agiotistas por prestar dinero a estas personas. Además, como explica Mancillas, el costo de prestar cantidades tan bajas en lugares a veces remotos, es altísimo y la idea es que ese cinco por ciento mensual de cada préstamo pueda cubrir gastos de operación, además de realizar los ajustes necesarios (inflación, interés, etc.) para mantener el costo del dinero.

Aunque por ahora el programa de microcréditos no ha llegado al Distrito Federal, la idea es introducir nuevas modalidades, de manera que esta entidad pueda también ofrecer créditos a individuos y manejar otro tipo de esquemas de financiamiento.

 

 


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